La propiedad intelectual está presente en todas las áreas de la sociedad. En realidad, es prácticamente imposible que cualquier ciudadano pase un día cualquiera sin tener contacto con un derecho de propiedad intelectual​

El deporte no es una excepción y es un área que, a lo largo de las últimas décadas, ha conocido un desarrollo exponencial, se ha dejado ver apenas como un mero entretenimiento para convertirse en una industria con un impacto bastante significativo en la economía mundial.

Todos los derechos de PI encuentran una considerable presencia en este ámbito, con una especial relevancia para las marcas.

Si nos enfocamos en una modalidad deportiva de masas, como el caso del fútbol, constatamos, desde luego, que cada club de fútbol tiene, por lo menos, el patrocinio oficial de una marca que ostenta en las camisetas de sus jugadores y en otros puntos clave de comunicación con el público. Paralelamente, cada jugador de fútbol, considerado individualmente, cuenta también con un patrocinio sustancial de una de las grandes marcas de artículos de deporte que calza dentro del campo.

Siguiendo con la modalidad deportiva, se nota que los propios clubs de fútbol consisten, actualmente, en marcas registradas (muchas de ellas de reconocida notoriedad) capaces de generar recetas millonarias en su entorno, como es el caso del Real Madrid.

Esta proximidad con los derechos de PI no se restringe, para nada, al fútbol. Nótese el caso del ciclismo, en el que los equipos que disputan las principales “vueltas” mundiales son conocidos por el nombre de las marcas que los patrocinan.

En realidad, todos los eventos deportivos de gran escala, tales como campeonatos mundiales de fútbol, torneos internacionales de tenis, pruebas de ciclismo y, como no podía ser de otra manera, los juegos olímpicos, son un excelente vehículo de marketing para llegar al consumidor y, por eso, son objeto de disputa por parte de las empresas que quieren promover sus marcas. Véase el caso paradigmático de la final de la Super Bowl, en Estados Unidos, en la que cada 30 segundos de descanso del evento deportivo puede costar varios millones de dólares a las marcas que quieren divulgar sus productos o servicios a través de anuncios publicitarios, concebidos a propósito para esa ocasión (en 2016 el coste medio por cada 30 segundos de publicidad en la pausa de la final de la Super Bowl superó los 5 millones de dólares).

Aunque las marcas brillen de forma evidente en este mundo del deporte, las patentes no se quedan atrás. En efecto, en los últimos años se ha asistido a una constante innovación y desarrollo tecnológico en este área, en el sentido de convertir los equipamientos deportivos más funcionales y seguros, permitiendo a los atletas optimizar sus prestaciones en las respectivas modalidades deportivas. Probablemente la mayor parte de las personas nunca ha pensado en esto, pero la suela de las zapatillas que usa para, por ejemplo, practicar running está protegida por patente.

En lo que se refiere al diseño, los ejemplos son también abundantes. En realidad, basta que haya una nueva apariencia para determinado producto para que un nuevo derecho se pueda conceder. Volviendo una vez más al fútbol, por ejemplo, los conocidos patrones ornamentales de las pelotas de fútbol de los diferentes campeonatos del mundo y de Europa están protegidos a través de esta modalidad.

Por último, pero no menos importantes o inexpresivos surgen también los derechos de autor y los derechos conexos, subyacentes, por ejemplo, de todos los anuncios publicitarios o transmisiones de competiciones deportivas.

La importancia de la Propiedad Intelectual en la industria del deporte es, sin duda, crucial si tenemos en cuenta que la mayoría de transacciones comerciales en el área de deporte tienen como base los derechos de propiedad intelectual. Como tal, ojalá que estos dos mundos puedan continuar esta asociación de éxito que tantas ventajas revela para la economía mundial.