Día mundial de la Propiedad Intelectual: “La innovación mejora la vida”

 

Entrevista a Agustín Casalins, fundador de Verde al Cubo, cliente de Clarke, Modet & Co Argentina

“¿Cómo impactarías positivamente en mil millones de personas?” Con esa pregunta en mente y una iniciativa agroecológica entre manos, Agustín Casalins recorría Silicon Valley. Había sido elegido para participar de Singularity University, el campus que desarrolló la NASA para potenciar ideas innovadoras que ayuden a resolver los grandes desafíos de la humanidad, y entre esos retos, el del alimento sería sin dudas uno de los mayores problemas con los que se enfrentaría el planeta.

Agustín había trabajado durante años en la producción de cultivos hidropónicos y conocía muy bien sus ventajas respecto de la agricultura tradicional: mayor eficiencia; automatización de gran parte de los procesos; aprovechamiento de la gravedad para el riego; prescindibilidad de maquinaria agrícola, combustible, agroquímicos, herbicidas y pesticidas, y, lo más importante, una altísima calidad de producto, más limpio, sano y nutritivo. Y sabía que, si había algo que podía ofrecer abundancia de alimentos para un mundo que en algunas décadas alojaría 10.000 millones de habitantes, eso era la hidroponía.

 

¿Qué es la hidroponia?

La hidroponia es una forma de cultivo mediante la cual las plantas se colocan en bandejas, sobre un sustrato inorgánico, y son provistas de los nutrientes a través del agua de riego. Esto permite obtener un producto altamente saludable, con todos los minerales necesarios para el adecuado funcionamiento de nuestro metabolismo.

Este es un gran diferencial, porque después de doscientos años de producir horticultura tradicional, los suelos están lavados, les hemos quitado todo. Y aunque les agreguen nitrógeno, fósforo y potasio, carecen de otros como selenio, molibdeno, manganeso, cobre, cobalto, todos minerales que en nuestra evolución hemos obtenido de los vegetales que crecían en suelos fértiles. Nuestro cuerpo no es más que la expresión de esa alimentación durante milenios, y cuando dejamos de ingerir esos minerales, dejan de suceder las reacciones metabólicas que sucedían en él por haber comido esas plantas durante miles de años. El problema de la desmineralización en los suelos se traduce entonces en sistemas inmunológicos deficientes, con mayor incidencia de afecciones tales como resfríos, o estrés.

Por otro lado, es una técnica mucho más eficiente. Mientras que en Corrientes, por ejemplo, se sacan entre 70.000 y 80.000 kg de tomate por hectárea, fumigando por todos lados, con hidroponia sacas 900.000 kg, entre 10 y 20 veces más, con mucha tecnología y una calidad de producto ecológico, todo el año.

 

¿Cómo nace tu interés por esta técnica?

Mi primera experiencia fue a los cinco años. Mi papá era médico neurocirujano del Hospital Ferroviario, pero le interesaba mucho este tema. Mientras el resto de la familia estaba en Bariloche, él armó sus bateas, y al regreso de las vacaciones la casa era un invernadero: había plantas de maíz, tomates y otros vegetales en el comedor, las habitaciones y hasta en el baño. Ahí vi por primera vez lo que eran capaces de hacer la ciencia y la tecnología aplicadas a la ecología.

Él ya avizoraba que los sistemas de producción de alimentos no iban a llegar a ser eficientes. Me dejó un libro del que aprendí la técnica. Después estudié la carrera de Agronomía, me recibí, trabajé afuera en sistemas ganaderos y lácteos, y hace seis años volví a la Argentina, después de vivir diez en el exterior, pero me resistía a reinsertarme en un sistema que percibía “viejo”. Por eso fundé Verde al cubo.

 

¿Qué es Verde al cubo?

Verde al cubo es una empresa de hidroponia, que ofrece sistemas urbanos para cultivos hidropónicos en tres ámbitos: huertas hogareñas, productores y escuelas.

Junto con el Centro de Información y Formación Ambiental del Ministerio de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad de Buenos Aires desarrollamos un Centro Metropolitano de Agricultura  Urbana, con sistemas outdors e invernaderos productivos con alta tecnología. También proveemos invernaderos hidropónicos a colegios que participan del plan de escuelas verdes, donde se trabaja con contenidos de agricultura urbana a través de talleres, insumos y acompañamiento.  

Actualmente, el concepto que más nos interesa como empresa y en el que estamos trabajando es el de Crowd Food, “alimento para multitudes”, que consiste en formar un consorcio de productores hidropónicos donde la gente pueda invertir. La idea es que si la gente invierte en su alimento va a tomar conciencia de lo que compra y va a empezar a demandar otras condiciones de calidad.

El alimento es lo más sagrado que hay, en cada alimento que comemos está todo el cosmos: está el aire, el sol que viajó millones de kilómetros para tocar esa hoja, la gota de agua que vino desde algún lugar y arrastró el mineral del deshielo, y todo eso se transforma en el alimento que mantiene tu propia vida. Lo que veo, y me duele mucho, es lo mal que tratamos y manipulamos los alimentos, esa desconexión entre ellos y nuestra propia vida, nuestro propio cuerpo. Esa es la parte un poco más “filosófica” de la empresa: nosotros no queremos tener unas cuantas hectáreas de producción, sino que queremos liderar una organización social, con mil hectáreas, donde la gente invierta en su alimento y produzcamos en y para la comunidad.

 

¿Qué papel tiene la innovación en el proyecto?

Algo llamativo en hidroponia es que se usan las mismas fórmulas de hace veinte años; y la cuestión era ¿por qué nadie las cambió? Mi expertise se basa en nutrición vegetal hidropónica, y a partir de ella pudimos desarrollar, por ejemplo, nutrientes veinte veces más concentrados que no precipiten.

Con Clarke, Modet & Co, además de registrar la marca, ahora estamos trabajando en innovaciones para mejorar la productividad. Apuntar a patentes hace que desarrolles cosas nuevas. La visión de la empresa es dar alimento a todo el planeta; en eso estamos.

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No es una forma de decir. Agustín está pensando en alimentar al planeta.  Su visión, inspirada tal vez en su experiencia en Silicon Valley, está puesta en un futuro que se encuentra más cercano de lo que parece. “Hoy cualquiera puede cambiar el mundo. Antes tenías que ser Rockefeller, y antes que eso tenías que ser un rey para poder hacerlo. Pero hoy, gracias a la tecnología, somos una gran comunidad global. Están dadas las condiciones y existen las herramientas para que podamos impactar en mil millones de personas”, afirma. Solo hay que tener claro el objetivo, y Agustín lo tiene.